Al
venerable Centro de Estudiantes:
Esta
carta no pretende, ni podría, ser el “manual del buen funcionamiento de los
centros de estudiantes”... de hecho, todos los manuales dicen hacia dónde hay
que ir o qué es lo que hay que lograr, y esa no es la idea aquí. Como las
promesas que presentan los gobernantes, que llegan a esos cargos mostrando de
alguna manera (“alguna manera” es una forma de decir) las metas que las
promesas reflejan. Siempre se intenta ver hacia dónde llegar cuando se empieza
algo, cuando se inicia un proyecto, cuando se acepta un desafío, pero pocas
veces se ve de dónde se ha partido, cuáles fueron las motivaciones o
necesidades de las que nació ese proyecto. Lo único certero son las raíces,
los orígenes, y si nunca perdemos de vista de dónde venimos, tenemos más
posibilidades de encontrar los caminos o de realizar los cambios que queremos.
Cambiar...
en la Argentina hacen falta muchos cambios: cambio de mentalidad, cambio de
idiosincrasia, cambio de desmemoria y desrecordados, cambio de hábitos, esos
famosos hábitos de “el que menos tiene, menos tendrá” (no sólo en lo económico).
Los cambios a los que me refiero no son los de “tirar todo abajo para edificar
sobre escombros”, ni acostumbrarnos a los escombros ni a las edificaciones.
Los cambios nacen de adentro, nacen de lo que sentimos y, por ende, de lo que
siempre necesitamos; nacen de la vergüenza, de lo que nos dejaron, del dolor
que produce tomar conciencia y sentirse responsable. Un sudafricano poco antes
de que lo mataran decía: “crear conciencia”.
También
he escuchado a muchos otros críticos y a otros tantos criticados, pero las
palabras de los discursos siempre llenan los bolsillos agujereados, por eso
prefiero quedarme con las palabras de quienes sienten un verdadero cambio, un
verdadero BASTA, un verdadero NUNCA MÁS:
“No estamos
celebrando nuestra independencia, estamos celebrando nuestro cambio de dominación.”
“Los
estudiantes reclamaban sus derechos, dado que estos les habían sido
arrebatados.”
“Nosotros
pensamos que en ese momento no había libertad de expresión, ya que si vos decías
algo y ellos no estaban de acuerdo te mataban.”
“La libertad de
prensa y el derecho a la información son derechos de toda persona.”
“Todos tenemos el lápiz roto y una descomunal goma
de borrar incrustada en el cerebro.”
“Se nota que a esta sociedad también le falta una
parte esencial de la cultura: la educación. A través de esta muchos problemas
se podrían evitar o simplemente mejorar, porque la escuela hace recordar a
todos nuestros problemas.”
“Si no podés informar lo que sabés o lo que pensás
a los demás, se interrumpe la comunicación entre la gente y el pueblo se
vuelve más débil y más dominable.”
“Tenemos que aprender que justamente los problemas más importantes se resuelven con buenas ideas.”
Debo confesar que esas palabras duelen, pero llenan de orgullo al ver que no todos los argentinos están vendados, ni vendidos, ni comprados; al ver que hay aquí algunos “argentinitos” capaces de movilizarse a partir de la bronca, de esa bronca que se genera a través de conocer, de ver las realidades, de convivir con ellas. Que no se inmovilizan ni recitan viejas quejas, sino que son capaces de proponer, de realizar, de crear espacios donde esa bronca original se convierta en transformación, en los cambios a los que me refería. Esa bronca que, en pocas palabras, crea conciencia.
Es cosa muy extraña que el hombre aprende las cosas que tiene que hacer cuando le dicen lo que no tiene que hacer. Pero yo no pretendo que esto sea el manual de nada... sólo pretendo, desde el orgullo y la emoción de haberme cruzado en sus caminos y de ser parte de este nacimiento, dejarles esta simple expresión de deseos, no les voy a decir qué tienen que ser, les voy a decir qué son:
tienen la disciplina de los que saben lo que quieren, no quieren ser sometidos ni sometedores;
son transformadores y creativos, no son anarquistas que reniegan de todo y de todos;
son pasionales, no fanáticos;
son rectos y consecuentes con sus ideas, dejando de lado la rigidez de los obtusos que en el primer viento se quiebran;
tienen la grandeza de pedir ayuda, de escuchar al otro, de aceptar los errores para aprender de ellos;
tienen la capacidad de defender sus ideas sin caer en la soberbia de los que se creen inefables y se convierten en necios o autoritarios;
tienen la sabiduría, que a muchos les falta, de poder discernir entre solidaridad y limosna barata;
tienen ... tienen lo que van a atesorar por el resto de sus vidas: la franqueza y la bondad de los hombres rectos.
Cachela